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Los Planetas

Autor: Marcela E. Diaz en exclusiva para Astrologia24.com © Copyright


El Sistema Planetario es una totalidad, otro sistema coherente y global de significados, que está formado por los cuerpos del sistema solar: El Sol, La Luna y los Planetas.
Cada planeta se corresponde con algún aspecto interno de nuestra estructura psíquica; la correspondencia es inmediata, adentro y afuera. Así, Marte estará en relación con mi deseo, mi acción, mi agresividad y Venus con mi forma de complementarme, etc. Cada planeta entonces está representando algún aspecto del comportamiento, de la psicología personal: el deseo, la complementariedad, el funcionamiento de la mente, la autoconciencia, el registro de los límites, etc. Esto significa que todos los planetas están claramente en nosotros, porque se corresponden con funciones internas. Están mucho más claramente referenciados para la conciencia, que los signos, cuya energía es más amorfa, menos aprehensible, y por eso tendremos de ellos un reconocimiento mucho más rápido.
Para comprender más a fondo la estructura de los planetas, partiremos del hecho que cada uno lleva el nombre de un Dios Griego. Estos nombres se han mantenido hasta el presente, y esta permanencia no es casual, sino algo estructural. Por eso es importante estudiar la Mitología ligada a ellos; ya que esto nos permitirá conocerlos a fondo. Los planetas nos brindan información sobre el tipo de comportamiento y de acciones que adoptamos ante los seres y las cosas. Poseen energías masculinas o femeninas. Los planetas masculinos emanan energía eléctrica, son positivos; y los planetas femeninos son receptivos y magnéticos, atraen energía, son negativos.

El Sol:

Es un planeta masculino, positivo y es el que más energía irradia.
Es el poder de integración de sí mismo, la totalidad del ser, es el ego, la individualidad y el impulso creativo; el principio masculino. En la Mitología, el Sol simboliza la fuente constante de luz, de calor y energía vital. El Sol, centro de nuestra carta natal, es como un niño, crecerá y madurara a través de nuestras distintas experiencias. Simboliza en astrología el mundo del 'yo' e inconscientemente el 'súper yo'. Es un mediador repleto de vínculos entre los procesos psíquicos. El Sol corresponde a la imagen que tenemos de nosotros mismos, a la que deseamos tener, al ideal de un yo modelo al que tratamos de acercarnos. Constituye también el sustituto del narcisismo perdido de nuestra infancia.
El astro solar nos da el impulso para hacer y crear. Representa la voluntad. Nos puede dotar de una mente brillante o podemos tener una tendencia excesiva a destacarnos de los demás y volvernos demasiado exigentes. Nos permite el acceso solo a aquello que puede ser satisfecho sin que acarree consecuencias perjudiciales.

La Luna:

Es un planeta femenino, negativo; está conectado con las emociones, los afectos, los deseos; tiene que ver con lo hábitos, la conducta instintiva, la fertilidad, las raíces, la madre.
En la antigüedad, el Sol, fuente de luz y calor, rey del día, simbolizaba la masculinidad. La Luna, por el contrario, nocturna, cambiante, representaba los grandes principios femeninos: fecundidad, creatividad, inconsciencia, fantasía, inconstancia... en ella hay una sola constante: su carácter inexplicable.
Ya seamos hombre o mujer, la Luna representa nuestra parte femenina y reúne todas las sensaciones y los impulsos que hemos acumulados desde nuestra vida intrauterina. Paradójicamente, la Luna, vulnerable y emotiva, es también la madre, la que nos protege y nos da seguridad. Ella forma al niño, le ayuda a crecer, modela su porvenir y de ese modo influye en toda nuestra vida, particularmente en el campo de las emociones. Delimita nuestras necesidades afectivas, y el estilo de vida que mas nos conviene.
El papel y la influencia de la Luna en el comportamiento humano no deja de tener analogía con el mundo del "ello": es decir, un conjunto de fuerzas desconocidas, no manejables, que se expresan a menudos mediante formulas como: "no pude impedirlo", "se me escapo", ' es más fuerte que yo'.
Freuddefinía el "ello" como una reserva de pulsiones las cuales constituyen ante todo el aparato psíquico. En parte son hereditarias, innatas, pero también reprimidas y adquiridas por el bebe. Como todos los planetas rápidos, la Luna influye sobre nuestra vida cotidiana; el mal humor al despertarse puede deberse, por ejemplo, al paso de la Luna por Saturno. Pero la intensidad de esas reacciones pasajeras varía, por supuesto según la posición de nuestra Luna natal. Todos los meses la Luna volverá a nuestra Luna natal y reactualizará algunos de sus aspectos. A través de estas repeticiones, podemos a aprender a dominar nuestras emociones y a superarlas. Ella nos indica de modo sutil, sin palabras, nuestras debilidades, nuestros temores y nuestros límites.
A través de su Luna las mujeres podrán analizar su propia feminidad y su maternidad. Los hombres, por su parte, descubrirán su parte femenina, así como el tipo de mujer que deben buscar. La Luna nos recordará nuestra relación con nuestra madre y las sensaciones, alegres o angustiosas de nuestra infancia. No nos olvidemos, la Luna representa la parte más íntima, primaria, inconsciente. Es la emoción misma y por ello, a menudo, se traduce en una frustración. Al simbolizar la versatilidad de nuestros estados de ánimos, nos hará a veces alegres, a veces amargados, confiados o deprimidos, es decir será la causante de nuestro buen o mal humor. Finalmente no olvidemos que rige todo lo concerniente a la casa en el más amplio sentido desde el confort interior hasta la armonía que reina en nuestro hogar. En pocas palabras, la luna es quien construye nuestro nido.

Mercurio:

Planeta andrógino, sin genero definido, se polariza según la energía (planeta) más próximo. Rige la comunicación hablada o escrita, es la transmisión de ideas, nuestro impulso a conocer y a comunicar el conocimiento a los demás. Es la manera en que pensamos la vida. Mercurio planeta de la comunicación, del intercambio, es un planeta rápido y posibilita la comprensión a los demás y la expresión clara. Tocado con su casco alado, calzado con sandalias también aladas, Mercurio, Hermes para los griegos, es el mensajero de los dioses, Dios de los comerciantes y los ladrones; protege también a los viajeros, a quienes allana el camino. Personifica la astucia y la habilidad.
Es un transformador de energías. Simboliza la inteligencia que permite discernir, decodificar, clasificar, calificar. Nos ayuda a volver hacía atrás y a separarnos del mundo del instinto. Nos lleva a intelectualizar nuestras sensaciones, nos enseña a razonar. Por ello es de valiosa ayuda para los niños, a quienes permite establecer relaciones con los demás. Por medio del leguaje, Mercurio permite que nos adaptemos a las reglas sociales para que podamos manifestar nuestras emociones más profundas, o sea, las inspiradas por la Luna. Estimula la comunicación, proporciona ideas, nos hace adaptables, flexibles, comprensivos. Nos enseña a aprender. No hay sabiduría sin discernimiento sin objetividad. Mercurio nos da también la facultad de la negociación y del compromiso.

Venus:

Planeta femenino y negativo que proporciona armonía, belleza, amor y agrado para los demás.
Representa la capacidad de valorar y apreciar a través de los sentimientos. Venus equilibra, armoniza y unifica; es la capacidad de amar, la necesidad de afecto, la capacidad para relacionarse, el dar y recibir amor. Venus simboliza la manera en que actuamos en el terreno afectivo y Marte define el tipo de energía que nos hace funcionar y avanzar. Se puede considerar a Venus como nuestra parte femenina y a Marte como nuestra parte masculina. En el hombre, su naturaleza venusina le informa sobre el tipo de mujer capaz de seducirle. En la mujer, su Marte la informa sobre el tipo de hombre con el que podrá compenetrarse. Venus representa el mundo festivo, los valores asociativos, el deseo de esparcimiento, el talento, el arte y la estética. Indica a las mujeres cómo seducir, encantar y experimentar su feminidad. Es por lo tanto el planeta de la sociabilidad, el placer, el amor, la sexualidad, los celos y la posesión. Corresponde al verbo amar, el cual conjuga en todos sus tiempos y armoniza todo lo que toca. Es el planeta de la felicidad. En la antigüedad, los griegos identificaban al planeta con Afrodita y los romanos con la Diosa Venus. Simboliza la belleza, el amor, el deseo sensual y el amor físico más que los lazos conyugales. Aliada de los mortales en sus relaciones amorosas, la diosa Venus tenía también el poder de enamorar a los otros dioses. Lucrecio, por ejemplo la consideraba como la fuerza suprema que da la vida. Planeta del amor, es también el planeta de todos los amores: el de los objetos bellos, de la buena carne, de los placeres físicos, etc.
Lo podemos equiparar, por tanto a la libido, tal como Freud la definió: un conjunto de pulsiones que nos pone en contacto con los objetos y las cosas, y que se puede llamar amor en su sentido más amplio. Dará un tono afectivo positivo a todas nuestras acciones.

Marte:

Planeta masculino, significa el impulso a ser activo, la fuerza y la capacidad realizadora, es energía que da deseos de luchar y tomar la iniciativa.
Marte simboliza la energía vital, espontánea, una agresividad positiva que nos permite combatir y vencer. Esta energía nos da la fuerza para enfrentarnos al mundo. Marte nos informa sobre nuestro yo social revelando nuestra manera de ser, nuestro comportamiento hacia los demás. También estimula nuestro instinto de conservación incitándonos, por ejemplo, a luchar por conservar nuestro puesto.
El planeta rige lo que el psicoanálisis denomina, el estadio sádico oral, que es el del nacimiento de los dientes el deseo de morder, de devorar. Lo que implica una cierta necesidad de destruir. Pero estos impulsos son vitales, una agresividad en el fondo positiva. Marte ayuda al niño a tomar posesión del mundo, es decir, a entrar en el mundo de los adultos, el mundo de lo desconocido. Cuando sus deseos son obstaculizados puede surgir la cólera, la rabia, el odio. Y con ellos la culpabilidad y el miedo. El adulto, por su parte, si domina esa agresividad puede utilizar para buenos fines. Como escribió Marie Cardinal: "recibí la violencia como un regalo espléndido. Sabía que deseaba usarla para construir, y no para destruir".
La Mitología consagra a Marte como Dios de la guerra. Es acción, iniciativa, instinto de conservación. Nos da el impulso y nos urge a realizar ciertas cosas. Nos permite reconocer y afirmar nuestros deseos y nos instruye sobre los medios que podemos emplear para alcanzar nuestros objetivos. Nos informa también sobre nuestra emotividad y sexualidad.

Júpiter:

Planeta masculino, es la expansión a través del crecimiento ya se físico o intelectual, da capacidad de comprensión y sabiduría. Representa el sentido interno de la ley, el orden, la moral, transmite espíritu generoso y tendencia a la bondad. Júpiter y Saturno forman una pareja.
Júpiter aporta el entusiasmo, la energía, la expansión y la generosidad. Nos sostiene en los períodos de renuncia. Saturno, en cambio, pone límites, restricciones, frustraciones, frena la expansión de Júpiter, pero nos permite también conservar lo adquirido. En ese sentido, los dos planetas se compensan. Júpiter es el planeta de la sociabilidad, nos ayuda a progresar en función de nuestro ambiente social, económico y cultural. Favorece la expansión del ser en un medio determinado. Nos aporta la voluntad y ambición necesarias para tener éxito en nuestra vida profesional, obtener la aprobación de los demás, ocupar la posición social que más convenga a nuestra personalidad. Nos da la capacidad de juzgar, la posibilidad de decidir entre dos tendencias, de dominar los problemas. Júpiter trae una brisa de optimismo, una posibilidad de desarrollar nuestra originalidad, de mejorar nuestra manera de vivir. Júpiter es la máscara social que Jung llamaba 'la persona'. Cada regreso de Júpiter a si mismo se vive como un renacimiento, como el trampolín a nuevos proyectos y nuevas ambiciones.

Saturno:

Planeta femenino, que otorga la tendencia a desarrollar la autodisciplina, que seamos conscientes de sí mismos; su función es que el hombre piense con claridad, que sea capaz de formular cosas concretas. Es la fuerza que sostiene, tiene que ver con la rutina y con el sentido del deber.
En la Mitología, Saturno, antiguo dios itálico, muy rústico, asimilado con frecuencia al griego Cronos, simboliza el tiempo. Según la leyenda habría devorado a sus hijos. Encarna al modelo del padre que castiga e impone la realidad de manera violenta. Representa lo serio y exige que busquemos verdaderas respuestas a nuestros problemas. Enemigo jurado de lo vago, de lo incierto y de la fantasía, deshecha nuestros sueños, nos insita a la reflexión y al manejo racional de los conceptos. Nos enseña que la vida no es una novela y que no se logra el éxito sin un largo trabajo. En los negocios, como en el amor, no cree ni en el azar ni en la suerte, sino en el edificio metódicamente construido. A través de su faceta rigurosa nos permite experimentar nuestros recursos interiores, gracias al dominio y la madurez que nos otorga. De ese modo, Saturno nos ayuda a alcanzar la mayoría de nuestros objetivos sociales y profesionales. Su pareja astral, Júpiter es exactamente su opuesto. Entre los dos forman la alianza del calor y el frío. Mientras Júpiter es amplio, expansivo y marca la plenitud, saturno simboliza la soledad, la renuncia y anuncia un período a veces difícil, de estructuración de nuestra individualidad.
Una persona en cuya carta astral domine Júpiter se desarrollará, para usar una metáfora geométrica, de modo 'horizontal', mientras que el saturnino iniciará un vuelo 'vertical'. Júpiter es cálido y siempre tiene tendencia a pecar por exceso, mientras que Saturno predica el ascetismo. En las diferentes etapas de nuestra vida el período saturnino representa la del destete. El niño aprende que sus exigencias no son ley, y que sus deseos y su realización son dos cosas distintas. La aportación saturnina se traduce así en el aprendizaje de la realidad, aún cuando paralelamente sintamos un freno de nuestra energía al vernos constreñidos por el orden de las cosas. Podemos imaginar que Saturno representa el 'súper-yo', las estructuras, la tradición cultural y social, la influencia de la autoridad del padre y de la ley. Es el planeta del tiempo, del tiempo que nos construye, que nos modela y nos enseña a ser pacientes. Simboliza también la vejez, que, 'no despoja al hombre de espíritu, más que de las cosas inútiles para la sabiduría'. Es importante notar que el súper-yo (como lo definía Freud) no se forma a imagen de los padre, sino a imagen del súper-yo de ellos. Es decir, que el niño hereda las prohibiciones que ya se han impuesto a sus padres, la manera en que han sido amados, condenados o juzgados. De este modo el niño integra valores forjados por muchas generaciones. Según la Astrología, Saturno no es un planeta con el que se pueda soñar. Por el contrario incita al sentido común, al espíritu científico, al buen manejo de la realidad. Aunque, como también escribió Michel Butor: "no puede existir un realismo verdadero sino forma parte de la imaginación, sino comprende que lo imaginario está en la realidad y que vemos la realidad a través de lo imaginario".

Planetas transpersonales:

Los tres últimos planetas: Urano, Neptuno y Plutón, son los más alejados (en el sistema solar) o transpersonales; y a la vez son los que tienen las energías más profundas e inconscientes del ser humano. Por lo tanto, Urano, Neptuno y Plutón, tienen un lugar de cierta distancia con respecto a los dioses más claramente antropomórficos. Esta división es muy relevante, porque refleja, por un lado, a los que están más cerca de la conciencia y que tienen un comportamiento más accesible a lo humano; y por el otro, a los que reflejan fuerzas más oscuras o distantes de lo humano, cuyas potencias son más perturbadoras. Estas tres fuerzas, están a su vez, ligadas a algunos elementos; el infierno, por ejemplo, nos remite al fuego y a la tierra (es el fuego que reside en el abismo de la tierra). Urano es el cielo y por lo tanto nos lleva hacía el aire; y, por supuesto Neptuno nos conecta con el agua.
Los cuatro elementos están representados como fuerzas muy básicas. Para nosotros el fuego del centro de la tierra es el volcán, el terremoto, la lava; es un desborde ante el cual la conciencia debe inclinarse, porque no puede preverlo, ni acostumbrarse a su existencia cotidiana.
El cielo como percepción global es lo inmenso, lo infinito y totalmente abierto, aquello de lo cual puede venir bajar a nosotros, cualquier cosa; desde lo que es una bendición para los cultivos, hasta un castigo (lluvias, vientos, granizos, rayos). Es por lo tanto, una inmensidad imprevisible ante la que también hay que inclinarse. El océano es totalmente otro mundo, fascinante, pero no apto para el ser humano; hay que cuidarse de su desborde, de su furia, de sus grandes cantidades de agua.
Las tres fuerzas tienen preciosas riquezas; pero el hecho es que los tres planetas transpersnales tienen la potencialidad de desbordar a la conciencia; que no puede relacionarse con ellos de manera inmediata.

Urano:

Planeta andrógino, por eso produce cambios súbitos, drásticos y repentinos. Es el planeta de la revelación independencia, invención, creación, originalidad y tendencia a los amores platónicos. Nos indica la voluntad del individuo y su grado de independencia, la facilidad de efectuar cambios o sufrir por ellos.
En la Mitología Urano es simbolizado por el mito de Prometeo, que robó el fuego a los dioses para dárselo a los hombres, ese don les permitía conquistar la libertad. Yendo contra la hostilidad de los dioses Prometeo se convierte en un benefactor de la humanidad. Además enseña a los hombres numerosas técnicas entre ellas la metalurgia. Pero al permitir a los hombres acceder a una mayor libertad, les retiró la posibilidad de conocer el futuro. Este mito nos dice mucho acerca de los poderes de Urano. Este planeta está dotado del poder de trascender lo límites saturninos. Sabiendo que los dogmas no favorecen la creatividad ni la libertad, rechaza el orden establecido, va contra las tradiciones. Urano es el planeta más revolucionario del zodiaco, el que exalta nuestra originalidad 'la libertad pertenece a quienes la conquistan'. El planeta nos proporciona una gran intuición y permite el surgimiento de nuevas ideas.
A veces nos insita al extremismo, al egoísmo y la intolerancia. Al desorganizar lo cotidiano, Urano nos vuelve también inestables, nerviosos y rebeldes.

Neptuno:

Planeta femenino, tiene que ver con la sensibilidad, con las facultades perceptivas más sutiles, buscando una expresión más allá de la estructura material. Es el planeta de la inspiración, del idealismo, la espiritualidad, la ilusión, la fantasía creadora y las experiencias místicas. Neptuno es el planeta más misterioso del zodiaco. Simboliza la imaginación, la intuición, la idealización, la espiritualidad, pero también las ilusiones, las quimeras, la pérdida de identidad, el rechazo de los límites de la realidad. Neptuno nos ayuda a escapar de las obligaciones cotidianas. Nos incita a soñar nuestra vida y no solo a vivirla. Puede así hacer confusa nuestra percepción de lo real. Puede empujar a interesarse en el esoterismo y en el misticismo. Podemos gozar de las virtudes neptunianas que nos dan acceso a otros valores y a otros planos psíquicos, a condición de haber incorporado previamente las obligaciones sociales saturninas. En efecto, Neptuno ignora las convenciones y las leyes humanas, a las que sin embargo no desafía. Si no somos lucidos en cuanto a nuestros límites, este planeta nos puede empujar a la huída, al caos. Quienes están dominados por Neptuno pueden muy bien ser genios, artistas, grandes espiritualistas o también esquizofrénicos. Los efectos neptunianos disonantes pueden ser considerados como síntomas de la disociación, es decir, la incoherencia en los pensamientos, en la acción, en el mundo afectivo y, sobre todo, un alejamiento de la realidad. En positivo Neptuno representa la armonía, la compasión, la posibilidad de realizar una gran tarea espiritual. Aporta inspiración, imaginación y creatividad. Nos permite una mayor visión, una superación. Tenemos tendencia a pensar, como André Breton, que 'lo maravilloso es siempre bello, cualquier cosa maravillosa es bella, y solo lo maravilloso es bello'. Neptuno representa nuestras dificultades para apresar a un mundo que se nos escapa, nos insita a evadirnos a través de los paraísos artificiales.

Plutón:

Es el planeta más alejado del sistema solar, masculino. Es la transformación a través de la eliminación y renovación. Tiene que ver con la actividad profunda del inconsciente. Representa lo que tiene que ser eliminado o transformado; y tiene que ver en cualquier proceso con la fase más crítica, donde la muerte o el comienzo de un fin son inevitables. De ahí que es Plutón el planeta de los principios y los fines. Emblema de nuestros duelos y muertes simbólicas que abren el camino a los renacimientos, Plutón, dios de los muertos, vive bajo tierra y dirige los infiernos. Con una balanza en la mano acoge a los difuntos y decide donde permanecerán toda la eternidad. Es implacable. Lo sabe todo de nosotros y concede a cada uno el lugar que se merece.
Emblema de nuestros duelos y muertes simbólicas que abren el camino a los renacimientos, Plutón, dios de los muertos, vive bajo tierra y dirige los infiernos. Con una balanza en la mano acoge a los difuntos y decide donde permanecerán toda la eternidad. Es implacable. Lo sabe todo de nosotros y concede a cada uno el lugar que se merece. En Astrología, Plutón, que simboliza el mundo de lo inconsciente, nos enseña a destruir para construir, pone en evidencia nuestras neurosis, nuestras represiones, nuestros miedos, y después nos obliga a manejarlos y a volver a edificar la personalidad. Provoca un auto-análisis despiadado. Plutón representa la luz de las tinieblas, el punto paroxístico en que se enfrentan el amor y el odio. Durante su transito nos arrastra irresistiblemente hacia una dirección y nuestros esfuerzos para contrarrestarlo son vanos. Asistimos a una mutación muy profunda de nuestro ser que se parece a un adiós, a una separación. Plutón es el enemigo principal de la mentira, de las situaciones ambiguas, de las falsas apariencias. Nos enseña que debemos eliminar, destruir las actitudes que nos prohíben ser verdaderamente nosotros mismos. Por su acción purificadora, nos permite vencer los bloqueos y las opiniones ajenas que nos paralizan. Concientes de nuestros fallos, de nuestros fracasos, de nuestra impotencia accedemos finalmente a nuestras riquezas profundas. Cuales quiera sean los efectos de Plutón, hay que considerar que son percibidos de forma diferente según las personas. Algunos lo vivirán como una crisis violenta, mientras que para otros sucederá más discretamente. No hay que detenerse ante sus primeros efectos, que a menudo son dolorosos en la medida en que nos sentimos aterrorizados por la sensación de perdida de control, que va acompañada por la impresión de estar hechizado, poseído.
Es posible imaginar que en el psicoanálisis este planeta corresponde al estadio sádico anal y al inconsciente en el cual se han acumulado, desde la infancia, numerosos pensamientos y pulsiones que desconocemos y que actúan a nuestras espaldas. Plutón pone en evidencia las pasiones que nos devoran y al mismo tiempo, nuestro poder de creación y sublimación.



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